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El personalismo comunitario sitúa a la PERSONA como valor fundamental. El sentido de la persona no puede fundamentarse en sí mismo, de manera abstracta, sino en su relación con los demás (con otras personas) y en general con el mundo que le rodea. Persona es relación.
La reivindicación de la persona como valor fundamental lleva a la crítica y la lucha contra cualquier tipo de totalitarismo despersonalizante. La consideración de la persona como ser relacional lleva a la superación de los existencialismos radicales, y a la búsqueda y desarrollo de toda iniciativa que promueva una acción comunitaria que albergue sujetos personales, no individuos acríticos masificados.
La Modernidad ha buscado desde su inicio la fundamentación de la persona y de su entorno partiendo de dos supuestos axiológicos: la persona es libre y racional. La afirmación incondicional de la libertad ha llevado a negar la racionalidad. La afirmación incondicional de la razón ha conducido en diversos sistemas a la considerar que la persona está totalmente condicionada por su ser biológico, y/o por la historia, y/o por la sociedad etc. y en consecuencia no es libre. La consideración de la persona en sí, aislada, in vitro, ha descubierto que la persona es un ser para la muerte.
Y, sin embargo, a lo largo de toda la Modernidad se encuentran afirmaciones radicales del valor de la persona, de su ser real y su ser posible, de su valor en sí y de su valor como tú, como alter ego. Como decía Mounier no se trata de negar la modernidad sino de rehacerla sobre bases más sólidas, se trata de rehacer el Renacimiento, de descubir las sendas de un nuevo humanismo a la altura de nuestro tiempo.
El IEM trabaja difundiendo estas ideas y colaborando en acciones socio-políticas junto a otros grupos que esperan (mientras trabajan) un mundo justo por fraterno en el que todas las personas puedan desarrollarse en plenitud.
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